VITICULTURA

La lombriz y la abeja: indicadores de un viñedo saludable

Si podemos acoger en nuestros viñedos a estos dos animales: la lombriz y la abeja, será un indicador de que hay espacio para muchos más seres vivos, incluidas las viñas que cultivamos.

No confundamos a la abeja y a la avispa. Y es que las abejas no deterioran a la viña, a diferencia de las avispas, que agujerean las uvas. Las abejas no sienten mucha atracción por el fruto, que produce poco néctar.

Si contemplamos nuestra finca de una forma global, podremos ver que todo este “organismo agrícola” se extiende en dos dimensiones esenciales: la horizontal y la vertical.

En la horizontal, el agricultor cultiva sus viñedos, buscando un equilibrio entre las plantas cultivadas y el terruño que podemos ver. Es la dimensión más visible a la que habitualmente llamamos paisaje.

La dimensión vertical abarca la profundidad de la tierra, donde las plantas hunden sus raíces desagregando la roca madre para transformarla en tierra viva, pasando por la fina capa de tierra arable donde crece la cubierta vegetal y llegando a la parte aérea de la atmósfera. Es en esta vertical en la que viven dos animales esenciales para la fertilidad de la tierra: la lombriz y la abeja.

 

EL SUBSUELO DE LA TIERRA

La cepa crece en la tierra hundiendo sus raíces cada vez más profundamente, para recibir los elementos necesarios. Por encima, al aire y a la luz, la planta desarrolla un tallo sobre el cual crecen las hojas y dan lugar a la flor y finalmente al fruto, repitiéndose este ciclo cada año.

Toda la materia producida por las vides, con excepción del tronco, se marchita y cae al suelo para descomponerse. Es aquí donde intervienen las lombrices de tierra (entre microorganismos del suelo), en la descomposición de dicha materia muerta.

Las lombrices viven en la oscuridad del subsuelo de la tierra, donde todas las sustancias vivas creadas por las plantas (hojas, flores, restos de frutos y restos de poda) son llevadas a un estado uniforme: el humus. La lombriz airea las capas profundas de la tierra, lo que evita la asfixia de las raíces de las plantas y favorece la transformación de la materia orgánica en humus.

Las lombrices pueden llegar a comer hasta el 90% de su propio peso por día. De esta ingesta, excreta entre el 50 y 60%, convertido en un nutriente natural de altísima calidad.

Las lombrices están activas de forma permanente: crecen y comen constantemente (digieren de 18 a 22 horas diarias). Por la noche salen a buscar a la superficie hojas muertas que enrollan y transportan a sus galerías subterráneas. Luego remontan a la superficie para depositar sus montoncillos de excrementos en los que se encuentran más oligoelementos que en la tierra absorbida. De manera que las lombrices fertilizan la tierra que digieren.

Pero, no sólo consumen materia orgánica, sino que consumen tanta materia vegetal como mineral, incluso aunque tengan de la vegetal de sobra para saciarse. Uniendo estrechamente estos dos elementos, el mineral y el vegetal, las lombrices forman en su digestión los complejos arcillo-húmicos, fundamento de la tierra viva.

Quien observa la vida de la tierra en su viñedo o en sus campos habrá notado que estos montoncitos de cagaditas de lombriz son muy frecuentes en noviembre y febrero, sobre todo cuando el tiempo es húmedo, en el momento del año en el que el agua está muy presente en la tierra. Los montoncillos forman una pila de tierra seca, aireada y estructurada, aportando con sus galerías y montoncillos la forma y el aire en la tierra. Con su actividad, sacan las masas oscuras de la tierra, al aire y a la luz; y a la inversa, por sus galerías llevan aire a la tierra.

Si consideramos que el suelo de nuestro viñedo es muy árido y/o pedregoso, convendría incorporar materia orgánica compostada a base de estiércol ovino, caprino o bovino. Esto activaría aún más la actividad de las lombrices. También, hay que considerar que no conviene saturar a la tierra con un exceso de nitrógeno, ya que el viñedo para vinificación da frutos de más calidad en terrenos no extremadamente fértiles. Los suelos bien poblados de lombrices de tierra absorben mucha más agua en caso de precipitaciones, lo que limita también las inundaciones.

 

EL DOMINIO DE LAS FLORES, LA LUZ Y EL SOL

Las abejas son los polinizadores más importantes de las plantas con flores. Se calcula que la tercera parte de los alimentos humanos son polinizados por insectos, fundamentalmente abejas.

– Si la lombriz no soporta ni la luz ni la sequedad, la abeja no soporta la sombra ni la humedad que provoca mohos en las colmenas.

– Si la lombriz no puede dejar nunca la tierra, la abeja es casi el único insecto que no tiene ninguna unión directa con la tierra.

Las abejas se sienten irresistiblemente atraídas por las flores. La mayor parte de las flores no dan fruta sin la polinización de los insectos, en particular de las abejas, que efectúan casi un 80% de la polinización de las flores.

La presencia de abejas en nuestros viñedos permitiría incrementar la producción de uva en un 10%. Las abejas ejercen no solo una influencia sobre la cantidad de fruta (por la fecundación de las flores) sino también sobre la calidad. Se ha observado que entre viñedos poco frecuentados y otros muy frecuentados por abejas, los más visitados muestran una mejor fructificación produciendo uvas de mayor tamaño y con niveles de azúcar y ácidez superiores. La abeja ayuda a cerrar el ciclo de la planta, favoreciendo la fructificación; igualmente que la lombriz lo hace con la materia orgánica, favoreciendo el enraizamiento.


SE ACUMULAN LAS AMENAZAS SOBRE LAS ABEJAS

Según un informe publicado por Greenpeace, las abejas son mucho más importantes de lo que pensamos. La producción de alimentos a nivel mundial y la biodiversidad terrestre dependen en gran medida de la polinización, un proceso natural que, como hemos visto antes, permite que se fecunden las flores y den así frutos saludables. Las abejas son unos de los grandes responsables de este proceso y, sin embargo, sus poblaciones están disminuyendo a pasos de gigante. Entre los factores que amenazan a los polinizadores están:

Estos tipos de refugio proporcionan un entorno seguro para que las abejas solitarias habiten, se refugien y aniden.

– El uso de plaguicidas que produce la pérdida y deterioro del hábitat de las abejas.

– Las prácticas de la agricultura industrializada

– Especies exóticas vegetales y animales invasoras que actúan como depredadores, impidiendo el desarrollo de las especies nativas, alteran el hábitat, modificando física y químicamente el suelo, compiten por el alimento y el espacio, se hibridan con las especies nativas, introducen nuevos parásitos y enfermedades, etc.

Sin embargo, para gozar de las ventajas que ofrece la presencia de abejas en nuestras viñas, los viticultores debemos velar por que tengan un ambiente sano. ¿Cómo podemos conseguirlo? Veamos…

– Reduciendo drásticamente el uso de insecticidas y otros productos químicos nocivos para este insecto melífero.

– Crear flora auxiliar, plantando alrededor de los viñedos aromáticas, arbustos y flores que se adapten bien a nuestro terreno y que sean atractivas para las abejas. Por ejemplo: lavanda, tomillo, salvia común, romero, ajedrea, orégano, árboles frutales, rosales y otras flores coloridas.

– Construir un refugio para ellas.

 

LA LOMBRIZ Y LA ABEJA, INDICADORES DE BUENA SALUD DEL VIÑEDO

Uno de los papeles de estos dos animales es informarnos, con su presencia, de si nuestro viñedo está sano y equilibrado dentro del ecosistema. Son capaces de transformar, cada uno en su dominio (tierra y flor), importantes cantidades de materia para ordenarla, ya sea estructurando el suelo como la lombriz o estimulando la floración y los procesos de fructificación como la abeja.

Su presencia y su buena salud pueden servir de indicadores del paisaje.

Como si de un milagro de la naturaleza se tratara, tanto la lombriz como la abeja, crean una nueva sustancia, haciendo una labor de reciclaje maravillosa. Utilizan la tierra y la flor para transformarlas en un complejo arcillo-húmico en el caso de la lombriz y en miel por la abeja. Y, durante el proceso trabajan para nosotros fertilizando la tierra y favoreciendo el desarrollo de la formación de los frutos.

Ahora bien, estos animales tienen cada vez más dificultades para ejercer su papel en este entorno. Por ello, como agricultores tenemos el compromiso de facilitarles la existencia con los métodos que ya hemos descrito.

Si estos dos animales esenciales están presentes y con buena salud, esto significa simultáneamente que numerosas plantas y animales beneficiosos estarán igualmente presentes en el viñedo.

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