Desde tiempos inmemoriales, el vino ha ocupado un lugar destacado en la mesa de la humanidad. Sin embargo, su papel trasciende el mero disfrute de un buen trago; a lo largo de la historia, el vino ha sido considerado una medicina, apreciado tanto por sus propiedades curativas como por su capacidad para mejorar la calidad de vida. En este artículo, exploraremos el fascinante viaje del vino como un elixir terapéutico a lo largo de los siglos.
1. LA ANTIGÜEDAD: EL VINO COMO ELIXIR DE SALUD
El vino es la medicina documentada más antigua: se han encontrado recibos de medicinas a base de vino escritos en tablillas sumerias de arcilla que datan de entre 2200 y 2100 a.C.
Asimismo, los papiros egipcios que datan aproximadamente del año 2000 a. C. enumeran varios usos medicinales del vino. Las prescripciones egipcias de remedios a base de vino incluían indicaciones tan diversas como “liberar a un niño del vientre de una mujer”, “erradicar el asma”, “expulsar la epilepsia” y como un “remedio para el abatimiento”. También se aplicaba vino a vendajes para tratar heridas y externamente para promover la curación y reducir la hinchazón. Su contenido de etanol y su gran cantidad de ácidos orgánicos lo convierten en un antiséptico natural.
En el texto sagrado hindú, los Vedas, el vino era adorado como el dios líquido Soma por sus atributos medicinales. Un texto médico indio del siglo VI a. C. describía el vino como “vigorizante de la mente y el cuerpo, antídoto contra el insomnio, la tristeza y la fatiga”. Los antiguos escritos sánscritos también se encuentran entre los primeros en registrar el uso del vino como anestésico quirúrgico.

En la Grecia clásica, cuna de la filosofía y la medicina, el vino no solo era apreciado por su sabor, sino que también se le atribuían propiedades medicinales. El célebre médico Hipócrates, nacido alrededor del 460 a.C., dejó un legado que ha perdurado a lo largo de los siglos.
«El vino es una cosa maravillosamente apropiada para el hombre si, en tanto en la salud como en la enfermedad, se administra con tino y justa medida.» – Hipócrates
Hipócrates prescribía el vino como parte integral de la dieta saludable y como remedio para diversas dolencias. Creía que el vino tenía propiedades desinfectantes y antisépticas y lo recomendaba como apósito para heridas, lo que lo convertía en un elixir adecuado para prevenir infecciones. Además, recomendaba su consumo para mejorar la digestión, estimular el apetito, para reducir la fiebre y como purgante y diurético.
En la antigua Roma, la influencia de la cultura griega en la medicina continuó, y el vino se consolidó como una herramienta terapéutica. Durante la expansión del Imperio Romano, se animaba a los soldados romanos a beber vino para prevenir la disentería (enfermedad diarreica grave, generalmente causada por agua contaminada con bacterias), así como para fortalecer y preservar la salud. Galeno, un médico griego que vivió en la Roma del siglo II d.C., prescribía vino como parte de su enfoque integral de la salud, destacando sus propiedades como tónico y su capacidad para fortalecer el cuerpo.
2. LA EDAD MEDIA: VINO COMO MEDICINA EN LOS MONASTERIOS
La Edad Media fue testigo de un período de oscuridad y desafíos, pero también fue un tiempo en el que los monasterios desempeñaron un papel crucial en la preservación del conocimiento, incluido el conocimiento sobre las propiedades medicinales del vino. Durante estos tiempos turbulentos, el vino se destacó no solo como un elemento de la dieta diaria, sino también como un componente esencial en el arsenal terapéutico de la época.
Se consideraba que el vino era capaz de fortalecer el cuerpo y mejorar la vitalidad. Además, se utilizaba en el tratamiento de enfermedades específicas, ya que se creía que el vino poseía virtudes medicinales que abarcaban desde aliviar dolores hasta fortalecer el sistema inmunológico.
La relación entre los monasterios y el vino como medicina persistió durante la Edad Media, creando una tradición que fusionaba lo espiritual con lo terrenal, lo sagrado con lo medicinal.
Hildegarda de Bingen, una abadesa y visionaria del siglo XII sostenía que el vino, cuando se consumía con moderación, podía calentar el cuerpo y mejorar la digestión.

El influyente médico Arnaldus de Villa Nova (1240-1311 d. C.), que enseñó en la Universidad de Montpellier en el sur de Francia escribió el primer libro sobre vino jamás impreso. Arnaldus elogió el vino como remedio contra la melancolía (depresión) y destacó sus efectos beneficiosos sobre el tracto urinario, las venas y el hígado, algo irónico, dado que el consumo excesivo de alcohol es una causa de enfermedad hepática. También abogó por sus múltiples usos entre las personas mayores, incluida la reducción de la hinchazón de las hemorroides, ser beneficioso para la digestión y moderar el ritmo de desarrollo de las canas. También, promovió el vino como antiséptico, como, por ejemplo, como apósito para heridas.
El vino formó la base de la famosa triaca, un brebaje heredado del antiguo rey del Ponto en las costas del Mar Negro en Turquía a principios del siglo I a.C. Esta misteriosa poción contenía docenas de ingredientes mezclados con vino y dejados fermentar durante más de un año. En 1348 se convirtió en un tratamiento especial para la espantosa peste negra, que estaba en su apogeo en toda Europa.

3. RENACIMIENTO Y EDAD MODERNA
Con la llegada del Renacimiento, la Europa del siglo XV experimentó una revolución cultural que afectó todos los aspectos de la sociedad, incluida la manera en que se percibía el vino en relación con la salud.

Se consideraba que el vino tenía virtudes terapéuticas únicas, y Paracelso, un médico, alquimista y astrólogo suizo-alemán del siglo XVI, argumentaba que su consumo moderado podía fortalecer el corazón y mejorar la circulación sanguínea. Esta noción estaba en sintonía con las antiguas creencias de Hipócrates, pero ahora se apoyaba en una comprensión emergente de la anatomía y la fisiología humanas.
El médico y poeta italiano Giovanni Andrea Della Croce, en el siglo XVI, escribió extensamente sobre las virtudes medicinales del vino. Sostenía que el vino tinto, en particular, era beneficioso para la salud cardiovascular y recomendaba su consumo moderado como parte de un estilo de vida saludable.
Este período marcó el surgimiento de la vinoterapia, una práctica que ha perdurado hasta la actualidad.
Entre los siglos XV y XVIII, cuando las ciudades de Europa comenzaron a expandirse, hubo una presión cada vez mayor sobre el suministro de agua potable. El residente medio bebía alcohol todos los días porque beber bebidas a base de alcohol era más seguro que beber agua. A partir del siglo XVIII comenzaron a poner fuentes de agua potable en las ciudades y la gente fue abandonando gradualmente el alcohol. A finales de la Edad Moderna, el alcohol comenzaba a eliminarse paulatinamente para muchos usos médicos. Se había seguido utilizando, por ejemplo, como analgésico a lo largo de los siglos, pero el descubrimiento de formas más eficaces de anestesia, como el cloroformo, redujo el riesgo médico. Pero su uso no desapareció por completo para tratar dolencias como dolores de muelas y de espalda.
4. EL VINO EN LA MEDICINA ACTUAL
En la actualidad, numerosos estudios han explorado los componentes del vino y sus efectos en el organismo, consolidando la idea de que el consumo moderado puede tener impactos positivos en la salud.
Uno de los componentes clave del vino tinto que ha capturado la atención de los investigadores es el resveratrol, un polifenol presente en la piel de las uvas. Este compuesto ha sido objeto de numerosos estudios debido a sus propiedades antioxidantes y antiinflamatorias. Se ha sugerido que el resveratrol puede desempeñar un papel en la protección del sistema cardiovascular, al inhibir la formación de coágulos sanguíneos y reducir la inflamación.
Estudios epidemiológicos también han observado una asociación entre el consumo moderado de vino tinto y una menor incidencia de enfermedades cardiovasculares. Se cree que los antioxidantes presentes en el vino pueden contribuir a la dilatación de los vasos sanguíneos, mejorando así la circulación y reduciendo el riesgo de enfermedades cardíacas.
Es importante destacar que, a pesar de estos hallazgos, el consumo de vino debe ser moderado y equilibrado. El abuso del alcohol puede tener consecuencias negativas para la salud, contrarrestando cualquier beneficio potencial que el vino pueda ofrecer.
La historia del vino como medicina destaca la profunda conexión entre la cultura, la ciencia y la salud. Aunque es esencial consumir con moderación, no podemos ignorar el papel único y complejo que el vino ha desempeñado en la historia de la medicina y cómo, hasta el día de hoy, sigue siendo motivo de celebración y bienestar. Entonces, ¡brindemos por la salud, la historia y la continuidad del vino como un elixir que ha resistido la prueba del tiempo!