HISTORIA DEL VINO

El vino a lo largo de la historia de la realeza

El vino, esa bebida que ha deleitado paladares durante siglos, ha estado intrínsicamente ligado a la realeza a lo largo de la historia. Desde las antiguas cortes de Mesopotamia hasta los majestuosos palacios europeos, el vino ha sido un símbolo de lujo, estatus y sofisticación.

En este recorrido por la historia de la realeza y su relación con el vino, descubriremos cómo esta bebida ha desempeñado un papel fundamental en la vida de reyes y reinas, emperadores y emperatrices, a lo largo de los siglos.

 

LOS COMIENZOS EN LA ANTIGUA MESOPOTAMIA

La Antigua Mesopotamia fue testigo de un capítulo fascinante en la historia del vino y la realeza. Aquí, en las antiguas civilizaciones de Sumeria y Babilonia, el vino no solo era una bebida, sino también un símbolo de estatus y un elemento crucial en su vida cotidiana y rituales religiosos.

La historia del vino en la Antigua Mesopotamia se remonta 6.000 años atrás. Los sumerios fueron los pioneros en el cultivo de la vid y la producción de vino. Consideraban al vino como una bebida de lujo y un regalo divino.

Era utilizado como una forma de intercambio comercial, a menudo siendo parte de acuerdos y tratados entre ciudades-estado y desempeñaba un papel central en los rituales religiosos.

Se cree que el vino era parte integral de las cortes reales. Los banquetes y festividades eran comunes entre los reyes y gobernantes y el vino era la bebida principal que se tomaba en estas ocasiones. Los sumerios tenían copas y jarras especialmente diseñadas para el vino, a menudo decoradas con inscripciones y grabados que celebraban a los reyes y sus logros.


ANTIGUO EGIPTO: UN BRINDIS POR LA ETERNIDAD

El Antiguo Egipto, con su impresionante legado cultural y civilizatorio, no solo es conocido por sus majestuosas pirámides y enigmáticas esculturas, sino también por su profundo aprecio por el vino. En esta tierra de faraones y dioses, el vino no solo era una bebida cotidiana, sino también una parte esencial de las ceremonias religiosas y un componente clave en las celebraciones reales.

Era común que los difuntos fueran enterrados con ofrendas de vino, ya que se creía que esta bebida les proporcionaría consuelo y sustento en la vida después de la muerte. Cuando se descubrió la tumba de Tutankamon, las jarras de vino con las que había sido enterrado tenían hasta etiquetas donde ponían la añada, el nombre del enólogo y algunos comentarios sobre la calidad del vino.

Los faraones, como máximos exponentes de la realeza egipcia, eran conocidos por su amor por el vino. A menudo, los muros de los templos y tumbas egipcias están decorados con escenas de banquetes reales, donde el vino fluía abundantemente. Incluso en las tumbas de los faraones, se pintaban escenas de servidores ofreciendo copas de vino a los gobernantes, demostrando la importancia del vino en su vida cotidiana y en sus rituales funerarios.

Solo se permitía a los faraones almacenar vino hasta su madurez, esta práctica era considerada alquimia.

Desde las ceremonias religiosas hasta los banquetes reales, el vino fue un hilo conductor que unía a los egipcios con sus dioses y sus faraones.

Pintura de la Tumba Tebana TT52, situada en Sheik Abd el-Qurna, en la orilla occidental del Nilo, frente a Luxor

 

LA ÉPOCA ROMANA: VINO PARA EL IMPERIO

Además de su legado arquitectónico y militar, el Imperio Romano dejó un impacto duradero en el mundo del vino. Para los romanos el vino era un parte fundamental de su cultura y vida.

Los banquetes y festivales eran una parte esencial de la vida de la realeza romana. Los emperadores y miembros de la élite gozaban de lujosos banquetes donde el vino fluía libremente. Estos eventos no solo eran una muestra de opulencia, sino que también servían como una herramienta política para consolidar alianzas y demostrar el poder del imperio. El emperador Augusto, por ejemplo, era conocido por su amor por el vino y organizaba festines extravagantes en su honor.

El vino se convirtió en un símbolo de poder en la Antigua Roma. Los emperadores, a menudo, promovían la producción de vino en las provincias del imperio, y las viñas se convirtieron en una fuente significativa de ingresos. El vino también se usaba como moneda de intercambio en las relaciones diplomáticas y comerciales con otras naciones.

Las fiestas en honor al dios romano del vino, Baco, eran famosas por su desenfreno y el consumo desmedido de vino. A menudo, la realeza romana se unía a estas celebraciones, lo que mostraba su capacidad para relacionarse con las masas y su conexión con las deidades.

«A Roman Feast» del pintor Roberto Bompiani

 

LA ANTIGUA GRECIA: CULTURA Y PODER

Los griegos consideraban que el vino era un regalo de los dioses, y su consumo estaba envuelto en rituales y festivales religiosos. La realeza griega a menudo participaba en estas celebraciones y ofrendas de vino a los dioses.

Uno de los aspectos más notables de la relación entre el vino y la realeza griega era el simposio, una especie de banquete intelectual que reunía a la élite de la sociedad. En estos eventos, los reyes y nobles se reunían para beber vino, discutir filosofía, poesía y política, y disfrutar de la compañía de músicos y cortesanos. El vino era servido en copas llamadas «krateres» y tenía un ritual particular: se mezclaba con agua antes de ser bebido.

Los vasos de cerámica griega, conocidos como ánforas y copas, a menudo estaban decorados con escenas que representaban el consumo de vino en simposios y banquetes reales.

El vino era un símbolo de estatus y poder en la sociedad griega. Los reyes y nobles griegos a menudo ofrecían vino de calidad a sus invitados como muestra de hospitalidad y generosidad.

Representación de un simposio griego

 

LA EDAD MEDIA: VINO EN LOS CASTILLOS Y MONASTERIOS

Durante la Edad Media, el vino era mucho más que una simple bebida; era un símbolo de estatus y poder. Los señores feudales y la alta nobleza competían por tener las bodegas más impresionantes y los vinos más exquisitos. El vino se consideraba un regalo digno de reyes.

Los banquetes eran eventos extravagantes y esenciales en la vida de la realeza medieval. En el siglo XIII, en la boda del rey Alejandro III de Escocia, bebieron el equivalente a 135.000 botellas de vino.

El vino ocupaba un lugar central en estas festividades. Se servía en abundancia en copas de oro y plata, y se ofrecían una variedad de vinos tintos y blancos, cada uno cuidadosamente seleccionado para complementar la comida y deleitar a los invitados. Estos banquetes no solo eran una forma de disfrute culinario, sino también una oportunidad para mostrar el poder y la generosidad del anfitrión.

Se cuenta como anécdota que el rey Fernando V de Castilla recibía a menudo quejas por parte de su esposa, la reina Isabel I por la falta de gracia y belleza de los viñedos. Así que el rey decidió plantar unos rosales alrededor de ellos. A la reina le gustó tanto la idea que pidió que se plantaran rosales en todos los viñedos del reino. La realidad de la decisión de plantar rosales en los viñedos fue porque estas plantas ayudan en la prevención del oídio.

Representación de un banquete en la Edad Media

 

EL RENACIMIENTO Y LA EDAD MODERNA: DEL ARTE AL PLACER REAL

El Renacimiento y la Edad Moderna fueron épocas de esplendor y cambio en Europa, marcadas por un fervor artístico, avances científicos y el surgimiento de cortes reales deslumbrantes.

Durante el Renacimiento, el vino dejó de ser simplemente una bebida y se convirtió en una manifestación de la cultura y el arte. El vino era una parte fundamental de los banquetes y las celebraciones de las cortes reales. Las copas de vino se adornaban con intrincados grabados y se servían en hermosas jarras y vasijas de vidrio soplado, convirtiendo el acto de beber en una experiencia artística.

Las cortes reales de Europa eran conocidas por su pasión por el vino. Los reyes y las reinas, como Enrique VIII de Inglaterra y Carlos V del Sacro Imperio Romano Germánico, tenían bodegas reales que albergaban una impresionante selección de vinos. Estos monarcas utilizaban el vino no solo como un placer personal, sino también como un medio para demostrar su riqueza y poder a otras cortes y naciones. Una teoría dice que el brindis tal y como lo conocemos en la actualidad nació en el siglo XVI en la celebración de la conquista de Roma de las tropas de Carlos V.

Los monarcas regalaban vinos exquisitos a otros gobernantes como parte de alianzas políticas y para fortalecer relaciones internacionales.

A través de banquetes lujosos, obras de arte, tratados diplomáticos y legados vinícolas, el vino se convirtió en una parte integral de la vida de la realeza.

«El Rey bebe» del pintor Jacob Jordaens

 

SIGLO XIX: UN SIGLO DE ELEGANCIA Y TRADICIÓN

El siglo XIX fue testigo de profundos cambios en la política, la tecnología y la sociedad, pero una cosa que no cambió fue la relación especial entre el vino y la realeza. El vino seguía siendo un símbolo de estatus y sofisticación en las cortes europeas.

En el siglo XIX, Europa estaba dominada por monarquías y aristocracias que disfrutaban de una vida de lujo y opulencia. El vino era una parte esencial de los banquetes y festividades de la realeza. Los monarcas y nobles europeos mantenían bodegas llenas de vino de las regiones vinícolas más prestigiosas de Francia, España, Italia y más allá. Estos vinos se servían en copas de cristal fino y eran acompañados de platos exquisitos.

El siglo XIX fue testigo de muchas celebraciones reales memorables, como bodas y coronaciones. En estas ocasiones, el vino desempeñaba un papel central. Se servían vinos de alta calidad y champagne, y las copas se alzaban en brindis para honrar a los recién casados o para celebrar el ascenso al trono de un monarca.

Durante el siglo XIX, los vinos espumosos, como el champagne, ganaron popularidad en las cortes reales. Estas bebidas burbujeantes se convirtieron en un símbolo de celebración y eran ideales para brindar en ocasiones especiales.

El vino también desempeñó un papel importante en la diplomacia del siglo XIX. Los tratados y acuerdos internacionales a menudo incluían cláusulas sobre el intercambio de vinos como parte de relaciones políticas y comerciales. Los vinos de alta calidad eran regalos apreciados entre monarcas y líderes gubernamentales.

«Un bar aux Folies Bergère» del pintor Édouard Manet

 

SIGLO XX: VINO EN LA REALEZA CONTEMPORÁNEA

El siglo XX fue un período de transformación global, con cambios sociales, políticos y tecnológicos que sacudieron al mundo. Sin embargo, la relación entre el vino y la realeza se mantuvo como un vínculo inquebrantable con la historia y la tradición.

Windsor Great Park Vineyard, vino procedente del viñedo de la Reina Isabel II de Inglaterra

A pesar de los cambios y desafíos que enfrentaron las monarquías en el siglo XX, la realeza siguió disfrutando del vino como parte fundamental de su cultura y estilo de vida. Los banquetes y las cenas de gala en los palacios reales eran ocasiones en las que el vino se servía con elegancia y tradición.

El siglo XX fue testigo de numerosas bodas, coronaciones y celebraciones reales. En estas ocasiones, el vino ocupaba un lugar de honor en las mesas reales. El champán y los vinos de prestigio se servían en copas de cristal tallado, brindando con estilo por la felicidad, la monarquía y la nación.

El vino también seguía siendo una herramienta de diplomacia. A lo largo del siglo XX, miembros de la realeza en países productores de vino se convirtieron en embajadores de sus regiones vinícolas. La Reina Isabel II de Inglaterra, por ejemplo, tenía su propio viñedo en Windsor Great Park y se interesaba activamente en promover los vinos ingleses.

 

EL VINO HOY: UN BRINDIS POR LA EVOLUCIÓN

El siglo XXI ha sido testigo de cambios significativos en la relación entre la realeza y el vino. A medida que el mundo evoluciona, la realeza continúa disfrutando de esta bebida noble, pero con un enfoque más contemporáneo y responsable.

El siglo XXI ha traído consigo una mayor conciencia sobre la sostenibilidad y la responsabilidad ambiental. La realeza, al igual que el resto del mundo, ha tomado nota de estos temas y ha comenzado a enfocarse en prácticas vinícolas más sostenibles y respetuosas con el medio ambiente. Muchas bodegas reales han adoptado técnicas de viticultura orgánica y biodinámica.

A medida que la demanda de productos locales y sostenibles ha crecido, la realeza ha promovido los vinos de sus propias regiones. A menudo participa en eventos vinícolas y catas de vino para destacar los vinos de calidad de sus países.

En el siglo XXI, la realeza ha utilizado el vino como una herramienta para recaudar fondos para causas benéficas. Son comunes las subastas de vinos raros y eventos de cata en actividades caritativas.

En la actualidad, la realeza se ha convertido en defensora de la educación sobre el vino. Algunos miembros de la realeza han obtenido certificaciones en enología y sumillería, y comparten su conocimiento en eventos y foros educativos. Esta pasión por el vino también se refleja en las cartas de vinos de los restaurantes de los palacios reales, que a menudo incluyen una selección de vinos cuidadosamente elaborada.


EL VINO REAL: LA ELECCIÓN PARA LA BODA DE FELIPE Y LETIZIA

En el caso de las bodas reales, la elección del vino adquiere un significado especial, ya que se convierte en un elemento importante de la tradición y la etiqueta real.

En este apartado, exploraremos la elección del vino que sirvió la Casa Real en la boda de Felipe y Letizia, un evento que marcó un hito en la historia de la monarquía española.

Actualmente, la Casa Real no suele desvelar qué vinos se consumen en los actos oficiales. En los más destacados como las bodas se sirven vinos con etiquetas genéricas de los diferentes consejos reguladores. Sin embargo, en las cenas que se celebran antes o después de la boda, sí se sirven vinos con sus propias marcas.

Entre el personal adscrito a la Zarzuela o al Palacio Real se cuenta con sumilleres profesionales encargados de la gestión de la bodega, de la compra de los vinos y del servicio de cava.

Celebración de la boda de los reyes de España, Felipe y Letizia

En el caso de la boda de los reyes de España, Felipe y Letizia, sí que se supo después de la celebración los vinos que se sirvieron. Te los desvelamos:

El vino oficial del aperitivo fue Tío Pepe (González Byass), todo un clásico entre los finos jerezanos.

En el aperitivo también se sirvió el blanco de Rías Baixas Fefiñanes, un Albariño que cuenta con cerca de un siglo de trayectoria.

El Rioja seleccionado fue el Gran Reserva Imperial ’94, de la Compañía Vinícola del Norte de España (CVNE), un vino que ya no se comercializaba y tuvieron que sacar de las reservas de la bodega.

Con los postres se sirvió el moscatel Casta Diva, de Bodegas Gutiérrez de la Vega.

El cava que se usó en el brindis no se sabe a ciencia cierta. Por una parte, se dice que fue un cava de Codorníu. Por otra parte, hay fuentes que apuntan hacia Cavas del Castillo de Perelada.

En la cena de bienvenida de la noche anterior se sirvieron dos blancos: Milmanda, de Miguel Torres, de la D.O. Conca de Barberá, y el Somontano Viñas del Vero Clarión.

Cenando, se sirvió el blanco navarro Chivite Colección 125 ’02, de Bodegas Julián Chivite. El tinto, fue el reserva Matarromera, de Bodega Matarromera, D.O. Ribera del Duero. Se finalizó con un moscatel de Málaga.

Hubo una segunda cena, ya de marcado carácter privado, ofrecida en La Zarzuela por el propio equipo que presta su servicio en la residencia de los reyes. Los invitados eran los miembros de las casas reales e invitados ilustres que permanecieron en Madrid tras la ceremonia y algunos amigos íntimos de la familia. Cenaron con el blanco de Rueda Marqués de Riscal Reserva Limousin ’00, de Vinos Blancos de Castilla, y con el rioja tinto Aurus ’99, de Finca Allende, que fue servido en botella doble mágnum.

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